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Las vitaminas y los minerales son nutrientes esenciales, pero, en su amplia mayoría, nuestro organismo no tiene capacidad para autofabricarlos. Todas las vitaminas y minerales que el organismo no puede producir, como es el caso de la vitamina C, llegan a él a través de la alimentación y los complejos vitamínicos.
Hablamos de una vitamina esencial e hidrosoluble, que nuestro organismo no puede fabricar ni almacenar por sí mismo y que se sintetiza químicamente a partir de la glucosa. La cantidad de vitamina C que el organismo necesita, la consigue de los alimentos; el sobrante lo desecha junto a la orina.
Esta vitamina puede presentarse en dos estados:
El ácido L-ascórbico (AA) está considerado uno de los más potentes antioxidantes del organismo y, en el cuerpo humano, se encuentra concentrado en órganos como: bazo, cerebro, glándulas, hígado, ojos, suprarrenales y tiroideas.
Es esencial en la síntesis del colágeno, interviene en la síntesis de lípidos, proteínas, norepinefrina, serotonina, L-carnitina y en el metabolismo de tirosina, histamina y fenilalanina, tiene la capacidad de regenerar la vitamina E y nos protege de la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LDL).
La vitamina C tiene una actividad fisiológica y metabólica fundamental para el ser humano, pues es necesaria para el crecimiento y reparación de tejidos de todas las áreas de nuestro cuerpo, incluso de nuestra piel. Sus funciones más importantes son:
Todas las frutas y verduras, en mayor o menor medida, tienen vitamina C. Pero, de todas las vitaminas, la vitamina C es la más sensible a la temperatura y al oxígeno, por lo que, si la cocinamos o almacenamos largo tiempo, su cantidad podría disminuir.
Por orden de mayor a menor, los alimentos que contienen mayor cantidad de vitamina C son: guayaba, pimientos, perejil, papaya, kiwi, coliflor, coles, repollo, frambuesa, limón, naranja, pomelo, mango, mandarina, nabos, espinacas, espárragos, puerro, tomate, boniato, batata, melón, habas, judía verde, fruta de la pasión, guisantes verdes, calabaza, calabacín, acelgas, rábanos, piña, cebolla, cebolleta, sesos, chirimoya, mollejas, aguacate, mora, caqui, hígado, membrillo, lechuga, escarola, ajo, riñones, pepino, remolacha, manzana, plátano, alcachofa, cerezas, melocotón, albaricoque, granada, apio, pistachos, berenjena y zanahoria.
Generalmente, podemos alcanzar la cantidad diaria recomendada de vitamina C manteniendo una dieta equilibrada. Pero, de no ser posible, podemos adquirir vitamina C en la farmacia, bien en forma de complementos alimenticios o como complejos de vitamina C.